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TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C (NOVIEMBRE 13 DE 2022)

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. Reunidos en la casa de Dios nos disponemos a celebrar la Santa Misa, correspondiente al trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario. Sean todos bienvenidos.

Nos acercamos al fin del año eclesiástico y los textos litúrgicos llaman nuestra atención sobre la caducidad de las cosas creadas y sobre la manera coherente de comportarse ante este hecho de experiencia. Los «últimos tiempos» ya los estamos anticipando siempre en la participación de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, como la que comenzamos a continuación, poniéndonos de pie y entonando el canto de entrada…

 

MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS

Estamos en la recta final del año litúrgico, por eso las lecturas de hoy nos recuerdan que la historia de la salvación llegará un día a su fin. El profeta Malaquías nos recuerda que el juicio definitivo de Dios puede ser condenatorio o salvador. El salmista nos dice que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. Y el evangelio nos invita a mantenernos fieles al mensaje en cualquier momento de nuestra existencia, por difícil y doloroso que pueda ser. Escuchemos con mucha atención.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Malaquias (3,19-20a)

He aquí que llega el día, ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja; los consumirá el día que está llegando, dice el Señor del universo, y no les dejará ni copa ni raíz.

Pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

 

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes.

 

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Al Señor, que llega
para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.
 

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,7-12):

Hermanos:

Ya sabéis vosotros cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar, no comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y fatiga, día y noche, trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de vosotros.

No porque no tuviéramos derecho, sino para daros en nosotros un modelo que imitar.

Además, cuando estábamos entre vosotros, os mandábamos que si alguno no quiere trabajar, que no coma.

Porque nos hemos enterado de que algunos viven desordenadamente, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo.

A esos les mandamos y exhortamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con sosiego para comer su propio pan.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19)

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:

«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».

Ellos le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo:

«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía:

«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.

Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

En este trigésimo tercer domingo, celebramos la consumación última al final de tiempo. Las lecturas de este domingo se establecen en un tono profético. En otras palabras, señalan la liberación futura del pueblo de Dios a través de la obra redentora de Cristo.

Las lecturas también nos recuerdan de las temporadas gloriosas que están delante de nosotros. Lo más importante, este domingo la Santa Madre Iglesia levanta nuestra esperanza de salvación, recordándonos nuestro futuro y perfección eterna a través del sacrificio único de Cristo.

En nuestra primera lectura, el Arcángel Miguel es la figura divina que protege nuestra dignidad. Él es el gran príncipe que nos guarda. Hay dos puntos a tener en cuenta aquí. El primero es el papel importante del Arcángel Miguel. Sin embargo, este papel no debe confundirse con el papel de Cristo como Salvador. El Arcángel Miguel es simplemente un guardia fiel.

Segundo, “todos aquellos cuyos nombres se encuentran escritos en el libro serán salvados.” En otras palabras, son los que están marcados para la perfección eterna a través del sacrificio y la sangre de Cristo. La buena noticia es que todavía hay tiempo para inscribir nuestros nombres en este libro. Esto es porque, Cristo nuestro sumo sacerdote eterno ya lo ha hecho posible para que lo logramos.

Nuestra segunda lectura de la carta a los hebreos sigue destacando la eficacia del sacrificio de Cristo para nuestra salvación. Es un sacrificio que marca a todos los creyentes con un signo audaz de: “perdonado, absuelto y sellado para salvación”.

Como el cumplimiento de la antigua alianza, Cristo el sumo sacerdote de la nueva alianza ha ofrecido este sacrificio por una vez para todas.

Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es simplemente acercarnos al trono de su misericordia para conseguir fuerza de él. Su sacrificio nos ha purificado, y salvado.

En el Evangelio de hoy, Jesús empleó diferentes causas naturales para recordarnos la necesidad de estar alertos para su gran venida. El tono de su mensaje se mueve de la profecía de la gran tribulación, a la profecía de la venida del hijo del hombre.

Por lo tanto, el punto central del mensaje de Cristo es que, nadie sabe cuándo sería este tiempo o momento. Esta lectura también, nos recuerda que Cristo es un profeta, así como nuestro salvador. Al decir que: “El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará sin cumplirse,” Cristo desea recordarnos que su venida y nuestra salvación está segura.

También, al afirmar que el caos precederá a su venida, es simplemente decir que nada será capaz de detener lo que Dios ha destinado a suceder. Su propósito primordial es establecer todas las tragedias de la vida, la guerra, la destrucción y la persecución en el contexto del establecimiento del reino de Dios.

Sin embargo, después de todo, el tiempo de paz volverá a los hijos de Dios cuyos nombres están escritos en el libro. Nos invita a estar preparados para el nuevo reino que desea establecer. Así que, con confianza en el Señor que está de venir, proclamemos con gozo con el salmista: “Tú eres mi herencia, oh Señor.”

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presidente: Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, y con confianza pongamos en Él nuestras necesidades diciendo con mucha fe:

PADRE DE MISERICORDIA, ESCÚCHANOS.

  1. Por la Iglesia, para que haga fructificar el tesoro de valores que Cristo ha depositado en ella. Roguemos al Señor.
  2. Por nuestro Santo Padre, el papa Francisco, y por todo los obispos y sacerdotes, para que Dios les conceda sabiduría y fortaleza para dirigir al pueblo santo de Dios. Roguemos al Señor.
  3. Por los jefes de Estado y sus colaboradores, para que Dios nuestro Señor dirija su voluntad en el servicio de la justicia, de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.
  4. Por los desempleados, para que el Señor cambie su situación y puedan conseguir una forma digna de sustento para llevar a sus hogares el pan de cada día. Roguemos al Señor.
  5. Por esta comunidad aquí reunida, para que no caigamos en la tentación de la pereza, la rutina, el inmovilismo y la mediocridad, sino que pongamos en rendimiento los dones recibidos de Dios al servicio de todos. Roguemos al Señor.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Escúchanos, Señor, y ten misericordia de nosotros cuando vuelvas y te pongas a ajustar las cuentas con todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.