“… A Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que fuese crucificado…
después que se burlaron de él, le quitaron la capa de soldado,
le pusieron su ropa y lo levaron a crucificar…”
ceñido ...
( Mateo 27, 26-31 )
Jesús salió con la cruz a cuestas.
Era un espectáculo.
Era una diversión.
Era una fiesta para la ciudad de Jerusalén.
Muchos rían.
A muchos aquello les causaba una gracia.
Era una escena divertida.
Los que no reían… estaban escondidos:
- sentían pena
- sentían dolor,
- solamente rezaban,
- no podían hacer nada,
- no querían hacer nada…
Tenían miedo,
- miedo del pueblo,
- miedo del peso de la cruz.
Tenían vergüenza,
- vergüenza de ser ridículos,
- vergüenza de ser “payasos” para el pueblo,
- vergüenza de las risas de los otros.
Jesús salió sólo, con la cruz:
era la cruz que debía estar a cuestas de Adán,
a cuestas de Caín,
a cuestas de Judas Iscariote,
a cuestas de Anás y Caifás,
a cuestas de los sacerdotes judíos,
a cuestas de los fariseos y escribas judíos,
a cuestas de Simón Pedro,
a cuestas de Pilato,
a cuestas de los apóstoles escondidos,
sintiendo solamente pena,
sintiendo solamente dolor,
solamente rezando…
era la cruz que debía estar en mis espaldas…
en tus espaldas,
en nuestras espaldas…
Así Jesús va cargando con nuestra cruz:
los poderosos colocan la cruz a cuestas de los débiles,
los políticos colocan la cruz a cuesta de los ciudadanos:
- la cruz de la pobreza sin solución,
- la cruz de la falta de lo necesario para la vida…
El esposo coloca la cruz a cuestas de la esposa:
- la cruz del cuidado de la casa,
- la cruz de la educación de los hijos,
- la cruz del silencio en casa,
- la cruz de la incomprensión de los problemas,
- la cruz del celo loco y enfermizo,
- la cruz de la infidelidad,
- la cruz del machismo.
La esposa coloca la cruz a cuestas del esposo:
- la cruz de la desvalorización de la persona del marido,
- la cruz de la incomprensión de la profesión del marido,
- la cruz de los gastos superfluos,
- la cruz del celo loco y enfermiza,
Los padres colocan la cruz a cuestas de sus hijos:
- la cruz de la ausencia permanente,
- la cruz de las frecuentes desatenciones,
- la cruz de los traumas sicológicos,
- la cruz del divorcio irresponsable,
- la cruz de una libertad sin educación.
Y Jesús sigue cargando la cruz:
- la cruz de la cual tenemos miedo,
- la cruz de la cual huimos,
- la cruz que debería ser la nuestra,
- la cruz de la enfermedad,
- la cruz de la pobreza,
- la cruz de la calumnia,
- la cruz de la humillación,
- la cruz de la fidelidad,
- la cruz de los compromisos,
- la cruz de la soledad,
- la cruz de la soledad, la cruz del pecado…
Y Jesús sigue cargando la cruz…
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral - Párroco en San Luis Beltrán

