VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C (OCTUBRE 9 DE 2022)
LOS MILAGROS, SIGNOS DEL REINO
MONICIÓN DE ENTRADA
Buenos, días, (tardes, noches). La liturgia de hoy, tanto como en la celebración de la palabra, como en el sacrificio mismo, nos habla del agradecimiento. Nosotros molestamos mucho, insistimos para que se nos preste un servicio. Sin embargo, no somos muy generosos en el agradecimiento. Como cristianos nos podemos llamar los "eternos limosneros" porque nuestras oraciones son, en su mayoría de petición. La liturgia de hoy nos presenta el agradecimiento de dos hombres por el don recibido que revela la calidad de su corazón. Aprendamos la lección, celebrando con entusiasmo la Eucaristía de hoy.
Puestos de pie, cantamos con Alegría y entusiasmo.
MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS
La fe en el Poder de la Palabra de Dios y nuestro agradecimiento son el trasfondo de las lecturas de hoy. Tanto el pasaje del segundo libro de los Reyes como el del evangelio proponen la confianza en la Palabra como actitud que conduce a la curación de la lepra y a una fe agradecida que alaba al Señor. El autor de la segunda carta a Timoteo habla de las cadenas que padece por el anuncio de un Evangelio que nadie puede encadenar. Con el salmo cantaremos y agradeceremos a Dios, a quien debemos escuchar atentos.
PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Reyes (5,14-17):
En aquellos días, el sirio Naamán bajó y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra de Eliseo, el hombre de Dios, y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio de su lepra.
Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:
«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Recibe, pues, un presente de tu siervo».
Pero Eliseo respondió:
«Vive el Señor ante quien sirvo, que no he de aceptar nada».
Y le insistió en que aceptase, pero él rehusó.
Naamán dijo entonces:
«Que al menos le den a tu siervo tierra del país, la carga de un par de mulos, porque tu servidor no ofrecerá ya holocausto ni sacrificio a otros dioses más que al Señor».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
El Señor revela a las naciones su salvación.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor revela a las naciones su salvación.
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
El Señor revela a las naciones su salvación.
Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
El Señor revela a las naciones su salvación.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2,8-13):
Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre ¡os muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.
Es palabra digna de crédito:
Pues si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Palabra de Dios
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,11-19)
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor.
HOMILIA
A partir del evangelio comprobamos, una vez más, cómo nuestra actitud de fe puede remover el corazón de Jesucristo. El hecho es que unos leprosos, venciendo la reprobación social que sufrían los que tenían la lepra y con una buena dosis de fortaleza, de audacia, se acercan a Jesús y podríamos decir entre comillas, le obligan con su confiada petición: Jesús, ¡Maestro, ten compasión de nosotros! La respuesta es inmediata y fulminante: Vayan y preséntense a los sacerdotes. Él, que es el Señor, muestra su poder, ya que mientras iban, quedaron limpios.
Esto nos muestra que, la medida de los milagros de Jesús será justamente, la medida de nuestra fe y confianza en Él. ¿Qué debemos hacer nosotros —pobres, frágiles y débiles criaturas— ante Dios? Confiar en Él. “Sólo Dios basta”, decía santa Teresa de Ávila. Pero con una fe dinámica, que nos mueve a obedecer las indicaciones de Dios. Basta un mínimo de sentido común para entender que nada es demasiado difícil de creer tocando a Aquél para quien nada es demasiado difícil de hacer.
Si no vemos más milagros es porque “obligamos” poco al Señor con nuestra falta de confianza y de obediencia a su voluntad. Como dijo san Juan Crisóstomo, «un poco de fe puede mucho». Un poco de levadura fermenta toda la masa, no lo olvidemos. Si nuestra fe fuese como un granito de mostaza, le podríamos decir a ese monte, arráncate y ponte allí. En respuesta a la confianza puesta en Dios, llega el desbordamiento de la alegría y del agradecimiento. Es lo que manifiesta uno de ellos, que, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias.
Pero es una pena que, de aquellos diez beneficiarios de aquel gran milagro, sólo regresó uno. ¡Qué ingratos somos cuando olvidamos con tanta facilidad que todo nos viene de Dios y que a Él todo lo debemos! Hagamos el propósito de obligarle mostrándonos confiados en Dios y agradecidos a Él.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Dirijamos, hermanos, con confianza y seguridad, nuestras oraciones al buen Dios, seguros de que siempre nos escucha y digámosle:
SEÑOR, ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN.
- Por la Iglesia, para que la misión que le ha sido encomendada pueda encontrar manifestaciones nuevas y eficaces que traigan vida y luz al mundo. Oremos.
- Por los gobernantes, especialmente los de nuestro país, para que en el ejercicio de sus funciones también puedan servir a Dios y a los hermanos, buscando la justicia y la paz. Oremos.
- Por todos los cristianos, para que seamos conscientes de nuestra misión de testigos de Cristo resucitado y viviente que nos ha sido confiada por Dios, y actuemos valiente y coherentemente con la fe. Oremos.
- Por todos los que sufren necesidad en el mundo, especialmente los migrantes, para que también sientan el deseo ardiente de buscar la patria definitiva, en el cielo. Oremos.
- Por cada uno de nosotros, aquí reunidos junto al altar, bautizados y enviados, para que con nuestro compromiso apostólico en este mes misionero, todos los pueblos puedan experimentar el amor salvífico y misericordioso de Dios. Oremos.
EXHORTACIÓN FINAL
Te bendecimos, Padre, porque Jesús curando a los enfermos,
mostró tu predilección por todos los marginados de la vida
y cambió el llanto de los pobres en cantos de liberación.
Con sus milagros inauguró la liberación que trae el reino de Dios
para el hombre que tú amas locamente con ternura de padre.
Cada sanación de Cristo nos habla de corazón sensible
y nos confirma en la llegada a nosotros de tu reino y de tu amor.
Su ejemplo nos estimula a hacer nuestro los gozos y esperanzas,
las tristezas y angustias de los hombres, nuestros hermanos,
especialmente de los más pobres y de cuantos sufren en el mundo.
Haznos un sitio, Señor, a todos en la fiesta de tu reino.
Amén.
