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VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C (OCTUBRE 2 DE 2022)

SOLIDARIDAD QUE COMPARTE

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos, días, (tardes, noches). Nuestra oración es habitualmente interesada. Pensamos más en pedir que en adorar. En este domingo, la liturgia nos habla de la fe que todo lo puede y nada espera a cambio. Algunos cristianos se desaniman cuando sus peticiones no son contestadas inmediatamente por Dios. La Palabra Sagrada nos enseña hoy que la fe es un don gratuito de Dios. Sólo necesitamos ser fieles. De pie para recibir la procesión con el cántico de entrada.

MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS

El tema central de las lecturas de este domingo es la fe.

En el libro de Habacuc se habla de ella como fidelidad que da vida y que ayuda a comprender la misión del profeta. Para el autor de la segunda carta a Timoteo, la fe es, junto con el amor, la fuerza que hace posible el anuncio de la Buena Noticia. Y Jesús, en el pasaje del evangelio, tras animar a los discípulos a alcanzar una fe verdadera, la propone como fundamento del servicio cristiano. Y como la fe entra por la escucha de la Palabra, hagámoslo con mucha atención.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Habacuc (1,2-3;2,2-4):

¿Hasta cuándo, Señor,
pediré auxilio sin que me oigas,
te gritaré: ¡Violencia!,
sin que me salves?

¿Por qué me haces ver crímenes
y contemplar opresiones?

¿Por qué pones ante mí
destrucción y violencia,
y surgen disputas
y se alzan contiendas?

Me respondió el Señor:

Escribe la visión y grábala
en tablillas, que se lea de corrido;
pues la visión tiene un plazo,
pero llegará a su término sin defraudar.

Si se atrasa, espera en ella,
pues llegará y no tardará.
Mira, el altanero no triunfará;
pero el justo por su fe vivirá.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras».

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1,6-8.13-14):

Querido hermano:

Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,5-10):

En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor:

«Auméntanos la fe».

El Señor dijo:

«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?

¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?

¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:

“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

Las lecturas de la Palabra de Dios de este Domingo nos invitan a volver a reflexionar en nuestro interior sobre la virtud central de toda persona religiosa, la virtud de la fe. El hombre religioso sabe de una u otra forma que el centro de su vida no es él, sino que la última palabra siempre la tiene Dios, pero no un Dios cualquiera, sino un Dios que nos quiere, que quiere lo mejor para nosotros, que desea nuestra felicidad, y nuestro bien. No un Dios caprichoso, arbitrario, lejano y desentendido de todo, escondido, misterioso, sino un Dios cercano, que quiere a todos, incluso a los que no creen El, y que desea la salvación de todos.

En esta perspectiva la fe que nos da vida, es la confianza en Dios. No una confianza que se confunde con una comodidad perezosa e inactiva, que espera que se lo den todo hecho, no, sino una confianza como el fruto del amor y de la esperanza que se fundamentan primeramente en Dios y después en nuestro esfuerzo personal. La confianza es compañera inseparable de toda persona. Confiamos en los que queremos, en los que nos quieren, familiares, amigos, aunque a veces suframos desengaños. Esta confianza que necesitamos tener en las personas, tenemos que tenerla también con Dios, ese Dios que permanece a nuestro lado y que nos empuja a hacer de nuestra vida algo con sentido y que merezca la pena.

Esta reflexión sobre la centralidad de la fe en la vida del creyente, nos viene perfectamente en este fin de semana en el que como hemos escuchado en la monición de entrada, LA FE QUE TODO LO PUEDE Y NADA ESPERA A CAMBIO.

Todo bautizado, todo cristiano, por el mero hecho de serlo está llamado de una u otra manera a construir el Reino de Dios en el mundo en el que vive. Cada uno tenemos nuestra misión. Cada uno en su sitio, en la oficina, en su lugar de trabajo, en la universidad, en la escuela, cada uno donde vive, en su familia, en su bloque, en el barrio; sin hacer quizá grandes cosas, pero si con la convicción y la seguridad de que lo que hacemos está bien, y esa certeza solo la puede dar la fe. Nuestra comunidad parroquial de SANTO TOMAS pretende ser ese grano de mostaza, pequeño por fuera pero grande por dentro. Quiere seguir viviendo su compromiso de fe en este mundo que nos ha tocado vivir y que queremos, aunque no nos gusten muchas de las cosas que vemos en él.

Pero estos comienzos, en una comunidad que se siente enviada, que lo que pretende es ser testigo de otro que le marca el camino, una comunidad que sabe que las fuerzas para conseguir lo que nos propongamos no depende de nosotros, esa comunidad lo primero que hace, y es lo que hacemos nosotros hoy, es ponernos en las manos del señor. Y ¿por qué nos ofrecemos al Señor? Porque sabemos que el que da el fruto es él, porque sabemos que con nuestras fuerzas no podemos nada, y que en el fondo somos pecadores, porque casi no podemos ni poner nuestro testimonio como modelo de nada porque también fallamos. Todo lo que consigamos, se lo deberemos a él, y no podremos presumir de nada.

Cada año ponemos también un lema que nos sirve de guía a lo largo de todo el curso. Este año nuestro lema es “CAMINEMOS JUNTOS”. Nos unimos a la Iglesia ARQUIDIOCESANA representada en nuestro ARZOBISPO, y a la Iglesia universal con el Papa Francisco al frente, para que este Camino nuestro en la fe y nuestro testimonio estén orientados a manifestar que la Buena Noticia de Jesús tiene que llegar a todos, incluso a los más alejados o a los que no quieren saber nada de ella.

Nuestra oración hoy va dirigida especialmente por todos nosotros los que formamos la comunidad parroquial de SANTO TOMAS APOSTOL, todos los grupos parroquiales, todas las personas que de una u otra manera viven su fe alrededor de la misma, hoy nos sentimos enviados a dar testimonio de Jesús en este nuevo MES y para que sepamos ser más fieles en su seguimiento, cayendo siempre en la cuenta de que esta fidelidad nos exige acordarnos de manera especial de todos los que sufren cerca o lejos de nosotros.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Unámonos en oración contestando todos:

«PADRE DE AMOR, AUMÉNTANOS LA FE»

  1. Para que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, sepa dar al mundo la respuesta de fe que busca, sobre todo en estos tiempos de mucha confusión. Oremos.
  2. Para que los que dirigen los destinos de los pueblos no hagan que la gente pierda su confianza en ellos. Oremos.
  3. Para que todos los que padecen hambre o enfermedad, no pierdan la fe puesta en Dios que no desampara a nadie. Oremos.
  4. Para que todos nosotros no nos desalentemos ante el silencio de Dios, sino que alentemos nuestra fe a través del testimonio de los creyentes. Oremos.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Gracias, Señor, Jesús, porque en el Evangelio de hoy

nos muestras el poder incontenible de la fe auténtica.

Dios uno y trino es el interlocutor con quien hablamos y en quien

creemos; y tú, Jesús, nuestro modelo en ese diálogo de la fe.

 

Concédenos, Señor, siquiera un granito de fe verdadera

para dar paso a tus maravillas en nuestras vidas pequeñas,

para tener luz y fuerza, optimismo y alegría, decisión y valentía

para creer de verdad en estos tiempos difíciles que vivimos.

 

Haz, Señor, que tu ternura providente despierte nuestra fe

dormida, y concédele la calidad y el empuje que tú quieres

¡Señor, creemos; pero aumenta más y más nuestra fe!

Amén.