Hoy nos levantamos, Señor, gracias a tu bondad que nos regala este nuevo día y que ojalá sea para nosotros lleno de tu presencia y sentimientos. Hoy que estamos iniciando este camino que nos invitas a recorrer, queremos hacerlo en la alegría y el optimismo de saber que, si encontramos en nuestro camino al paralítico, lo ayudaremos a levantar y lo acompañaremos en el camino a ti; si encontramos al ciego, lo guiaremos a tu mano para que le devuelvas la vista; si encontramos al enfermo ─tanto física como espiritualmente─, le mostraremos que tú eres el Verdadero y único médico que sana; si encontramos al que está en soledad, le mostraremos que confiamos plenamente en Ti, que tú eres la mejor compañía, el Amigo que nunca falla.
Ahora, Señor, recibe nuestra oración: Señor, estamos a veces paralizados por nuestros miedos y nuestros pesimismos. Dirígenos tus palabras poderosas de amor y de fortaleza para alzarnos por encima de nosotros mismos, por encima de nuestras cobardías y de nuestras dificultades. Así iremos resueltamente por el camino hacia ti y a los hermanos. Ven, Señor, para tomarnos de la mano y hacernos levantar con alegría y valor. Renuévanos con tu presencia para que seamos también los unos para los otros, como tu palabra que da ánimo y como tus manos que ayudan. Permítenos, Señor, que el favor que haremos en este día sea el favor completo y desinteresado; que abramos un boquete para ver tu persona y la forma en que tú nos perdonas nuestras culpas y nos levantas de nuestras parálisis y las de nuestros hermanos. Amén.
Vamos entrando a nuestra tercera semana de este mes; nuestras acciones sean de agradecimiento y optimismo.
Feliz y santo viernes, vivido en fe y esperanza.
REFLEXIONEMOS
* «Al perdonar los pecados, sanó al hombre y dio a entender visiblemente quién era Él, en su persona: Él era el Verbo de Dios encarnado, con potestad para perdonar los pecados. Como hombre se compadece de nosotros, y como Dios se apiada de nosotros y perdona nuestras ofensas» (san Ireneo).
* «El Evangelio nos presenta a Cristo que vence las parálisis de la humanidad. Describe el poder de la Misericordia divina que perdona y cancela todo pecado cuando encuentra una fe auténtica. El mandato de Cristo puede dar un vuelco a la situación: ‘¡Levántate, camina!’» (Francisco).
