Se alejan las sombras de la noche y el clarear de un nuevo día que bondadosamente nos regalas, nos anuncia que es hora de levantarnos y darte gracias. En tus palabras, nos das hoy una lección sobre la oración. La razón y base de nuestra oración no habría de ser, solamente, porque necesitamos conseguir algo del Padre y tampoco habríamos de pensar que nuestra oración es más poderosa cuando usamos muchísimas palabras. Oramos porque Tu nos pides que oremos, y porque tenemos confianza en nuestro Padre que conoce lo que necesitamos aun antes de pedírselo. En nuestra lista de oración de petición habríamos de poner en primer lugar las cosas más importantes, como son: Dios y su Reino, que se manifiesta por medio del pan, del perdón y la protección. Todo lo demás, “se nos darán por añadidura”. El Padre conoce nuestras necesidades porque tu eres nuestro apoyo en que nos amparamos y sabes de nuestras necesidades: necesidad de amar y ser amados, de escuchar y ser escuchados, necesidad de servir, de tener el don de la salud para nosotros mismos y nuestros hermanos, necesidad de unión en nuestros hogares,... en fin Señor, todo ese torrente que traemos en nuestros corazones y que muchas veces no sabemos y no nos atrevemos a pedir. Pero más que pedir, te damos gracias por enseñarnos el verdadero poder y valor de la oración y que nunca dejaremos de ser escuchados. Ayúdanos a no decaer en nuestra oración y ante todo regálanos el don de la paciencia y la comprensión, para saber que el Padre nos da lo que nos conviene.
Hoy que celebramos a San Luis Gonzaga, su testimonio de Oración, y de confianza en ti, nos ayude en nuestras ilusiones y esperanzas de este día. TUS CAMINOS NO SON NUESTROS CAMINOS Y TUS PENSAMIENTOS, NO SON NUESTROS PENSAMIENTOS. ACEPTA NUESTRA HUMILDE ORACIÓN. QUE NO SEA NUESTRA VOLUNTAD SINO LA TUYA.
Un feliz y confiado jueves para todos. Bendecidos en el amor de Dios.
Palabra del Papa.
“Si por tanto hay algunos que puede explicar hasta el fondo la oración de “Padre nuestro”, enseñada por Jesús, estos son precisamente quienes viven en primera persona la paternidad. Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden valentía y abandonan el campo. Pero los hijos necesitan encontrar un padre que les espera cuando vuelven de sus fracasos. Harán de todo para no admitirlo, para no mostrarlo, pero lo necesitan: y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de sanar. La Iglesia, nuestra madre, está comprometida con apoyar con todas sus fuerzas la presencia buena y generosa de los padres en las familias, porque ellos son para las nuevas generaciones cuidadores y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, en la fe y en la justicia y en la protección de Dios, como san José” (S.S. Francisco, audiencia del 4 de febrero de 2015,).
