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19-jun.-2026, viernes de la 11.ª semana del T. O.

[...] los tesoros sobre la tierra no son seguros: se estropean, vienen los ladrones y se los llevan.

En el inicio de un nuevo día, nuestro saludo es: gracias, Señor. Gracias por la vida, por el don de la salud, por el don del trabajo, por el don de la familia, el don de la amistad. 

Gracias por tu mensaje que nos regalas hoy y que es sencillo y fácil de entender: tenemos que ser inteligentes y orientar nuestra vida para conseguir lo más valioso, el mejor tesoro que podamos alcanzar. Así de sencillo. Lo que pasa es que a veces, nos equivocamos y terminamos poniendo nuestro corazón en cosas que ni son tesoro ni son nada, que se desvanecen entre los dedos de nuestras manos como se escapa la arena de la playa. Pero Tu nos señalas otros tesoros en los que sí vale la pena poner el corazón. Nos hablas de los tesoros del cielo: el amor y el servicio, la fraternidad y la solidaridad, la unidad y la justicia. Ayúdanos a abrir nuestras manos para tender puentes, que nos guíen al encuentro con nuestros hermanos. 

Ahí encontraremos el verdadero tesoro: en la amistad, en el cariño, en el amor. Las personas que dedican su vida al servicio amoroso a los más pobres muchas veces dicen que se sienten felices y amados por ellos, que reciben mucho más de lo que dan. En el amor todo lo que se da se recibe mil veces de vuelta. Con la ventaja de que ese tesoro no se lo comen ni las polillas ni las carcomas, ni el tiempo ni la enfermedad. Señor, tú nos dices: «hay más Alegría en dar que en recibir». Que podamos tener actitudes de generosidad para que vivamos en felicidad aquella frase: “Dios bendice y multiplica tu generosidad”. 

NO ENDIOSEMOS A NADIE, UNO SOLO ES DIOS. Miremos con los ojos del corazón. 

Muy feliz, bendecido y generoso viernes. 

Palabra del Papa

“No acumulen, para ustedes, tesoros en la tierra”. Este es un consejo de prudencia, porque los tesoros sobre la tierra no son seguros: se estropean, vienen los ladrones y se los llevan. Y, ¿en qué tesoros piensa Jesús? Principalmente en tres y siempre vuelve sobre el mismo argumento. El primer tesoro: el oro, el dinero, las riquezas… Dime, ¿un euro más te hace más feliz o no? Las riquezas, tesoro peligroso, peligroso…. El segundo tesoro: la vanidad. El tesoro de tener prestigio, de hacerse ver. Y esto siempre es condenado por Jesús. De esto modo, ha invitado a pensar lo que Jesús dice a los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan limosna, cuando rezan para hacerse ver. Finalmente, el tercer tesoro es el orgullo, el poder. ¡El poder termina! Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en prisión. Es de ahí de donde viene la exhortación de no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Estos tesoros no sirven. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 20 de junio de 2014, en Santa Marta).

No acumulen, para ustedes, tesoros en la tierra
ORACIÓN 

Señor, en el evangelio de este día nos hablas de un tesoro. Y para mí, el único tesoro de mi vida eres Tú. Me pregunto: ¿Y qué pasaría de mí si Tú no estuvieras? Mi vida sería una vida malograda, una vida sin sentido. ¿Dónde dirigir mi mirada si no pudiera verte? ¿Dónde inclinar mis oídos si no pudiera oírte? ¿Hacia dónde elevar mis brazos si no fueras mi norte? ¿En quién inclinaría mi cabeza cansada si tu corazón estuviera ausente? Sólo en Ti descansa mi alma. Amén. 

Reflexión Cf. https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-19-de-junio-de-2026

Hay en este evangelio dos palabras muy unidas: tesoro y corazón. Si preguntamos cuál fue el verdadero tesoro de Jesús, el verdadero tesoro de Jesús fue su Padre. Nos dice san Juan que, desde toda la eternidad, el Verbo estaba volcado, inclinado, gravitando junto al Padre (Jn 1, 1). Y esta actitud la mantuvo también aquí en su vida mortal. Hacer la voluntad del Padre, dar gusto al Padre, ha sido el móvil de su vida y la razón de su existencia. Junto a este tesoro, Jesús ha tenido otro: guardar como un verdadero regalo a los que el Padre le ha entregado: «Eran tuyos y Tú me los diste» (Jn 17, 6). 

Nosotros somos un regalo del Padre para Jesús. Así nos ha visto, así nos ha amado. Entonces, ¿dónde ha puesto Jesús su corazón? En el amor al padre y en el amor a nosotros que somos “regalos del Padre”. Siendo esto así, ahora no nos extraña que Jesús insista en que debemos tener siempre el corazón libre para amar a Dios y amar a los hermanos. Las riquezas y honores de este mundo pueden ser un obstáculo para el amor y de tal modo pueden avasallar nuestro corazón que no le dejen cumplir la misión para la que fue creado: vivir para amar. Todo lo que no se puede reciclar en amor es poner obstáculos al corazón.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.