En el inicio de un nuevo día, nuestro saludo es: gracias, Señor. Gracias por la vida, por el don de la salud, por el don del trabajo, por el don de la familia, el don de la amistad.
Gracias por tu mensaje que nos regalas hoy y que es sencillo y fácil de entender: tenemos que ser inteligentes y orientar nuestra vida para conseguir lo más valioso, el mejor tesoro que podamos alcanzar. Así de sencillo. Lo que pasa es que a veces, nos equivocamos y terminamos poniendo nuestro corazón en cosas que ni son tesoro ni son nada, que se desvanecen entre los dedos de nuestras manos como se escapa la arena de la playa. Pero Tu nos señalas otros tesoros en los que sí vale la pena poner el corazón. Nos hablas de los tesoros del cielo: el amor y el servicio, la fraternidad y la solidaridad, la unidad y la justicia. Ayúdanos a abrir nuestras manos para tender puentes, que nos guíen al encuentro con nuestros hermanos.
Ahí encontraremos el verdadero tesoro: en la amistad, en el cariño, en el amor. Las personas que dedican su vida al servicio amoroso a los más pobres muchas veces dicen que se sienten felices y amados por ellos, que reciben mucho más de lo que dan. En el amor todo lo que se da se recibe mil veces de vuelta. Con la ventaja de que ese tesoro no se lo comen ni las polillas ni las carcomas, ni el tiempo ni la enfermedad. Señor, tú nos dices: «hay más Alegría en dar que en recibir». Que podamos tener actitudes de generosidad para que vivamos en felicidad aquella frase: “Dios bendice y multiplica tu generosidad”.
NO ENDIOSEMOS A NADIE, UNO SOLO ES DIOS. Miremos con los ojos del corazón.
Muy feliz, bendecido y generoso viernes.
Palabra del Papa
“No acumulen, para ustedes, tesoros en la tierra”. Este es un consejo de prudencia, porque los tesoros sobre la tierra no son seguros: se estropean, vienen los ladrones y se los llevan. Y, ¿en qué tesoros piensa Jesús? Principalmente en tres y siempre vuelve sobre el mismo argumento. El primer tesoro: el oro, el dinero, las riquezas… Dime, ¿un euro más te hace más feliz o no? Las riquezas, tesoro peligroso, peligroso…. El segundo tesoro: la vanidad. El tesoro de tener prestigio, de hacerse ver. Y esto siempre es condenado por Jesús. De esto modo, ha invitado a pensar lo que Jesús dice a los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan limosna, cuando rezan para hacerse ver. Finalmente, el tercer tesoro es el orgullo, el poder. ¡El poder termina! Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en prisión. Es de ahí de donde viene la exhortación de no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Estos tesoros no sirven. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 20 de junio de 2014, en Santa Marta).
