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22-jun.-2026, lunes de la 12.ª semana del T. O.

La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, ahí, en el tejido de la Iglesia que es necesario coser de nuevo

Un nuevo día, una nueva semana y culminación de junio. Si ayer hiciste realidad nuestras ilusiones, hoy te damos gracias y llenamos nuestros corazones de deseos e ilusiones, de esperanzas puestas en ti. Ayúdanos a que sea un buen inicio por las actitudes de servicio y generosidad, de solidaridad y buenos deseos de bienestar para nuestros hermanos. Danos la gracia de comprender que los hermanos, no estamos aquí para juzgarnos unos a otros, sino para ayudarnos a crecer, alertándonos de las desviaciones del camino, pero siempre desde el conocimiento del otro y el cariño a su persona. 

Tú nos presentas un ejemplo de esta realidad a través de la imagen de la viga y la paja. ¿Cómo es posible que cuando voy a sacar la mota en el ojo de un hermano yo tenga una viga en el mío? primero he de sacar la viga de mi ojo y entonces, cuando vea claro, podré sacar la mota del ojo de mi hermano. Lo más probable es que la viga distorsione mi vista y me impida ver con nitidez. Asumir mi debilidad me hace amar lo pequeño de mí y también lo bueno de mis hermanos. 

Es buen momento para pensar: ¿tengo actitud de misericordia con mis pobrezas y las de mis hermanos? No permitas que vayamos juzgando a los demás o criticándolos de buenas a primeras, en nuestras actividades, en nuestros trabajos y labores. Nuestras actitudes sean de misericordia y de benevolencia, de amor y de cariño, de bondad y de sabiduría.

Feliz lunes e inicio de semana, Bendecidos en el amor del Señor. Iniciemos nuestro día y nuestra semana con mucha fuerza y optimismo en alegría y servicio. 

Palabra del Papa

No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor y hablarle. En segundo lugar, es necesario no decir algo que no es verdad. Cuántas veces en nuestras comunidades se dicen cosas una persona de la otra que no son verdaderas: son calumnias… La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, ahí, en el tejido de la Iglesia que es necesario coser de nuevo. Y como las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Si no eres capaz de hacerlo con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, se comete una ofensa, una destrucción del corazón de la persona (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 12 de septiembre de 2014, en Santa Marta).

las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna
ORACIÓN 

Señor, hoy te pido en este evangelio, que me ayudes a ser objetivo, a ver las cosas como son y no como a mí me parecen; a no valorar los comportamientos humanos a partir del afecto o desafecto que yo tengo con las personas a las que me atrevo a enjuiciar.  Suele ocurrir que una misma acción es valorada de una manera distinta si se trata de una persona que me cae bien o me cae mal. Señor, dame un corazón sano, una mente limpia y una mirada de fe para emitir un juicio objetivo sobre mis hermanos. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-22-de-junio-de-2026

La mota y la viga. Al Señor le gusta exagerar los términos de comparación para que caigamos en la cuenta de nuestros errores y cambiemos. El no ver una mota no tiene demasiada importancia respecto a nuestra salud del ojo. Pero no ver una viga significa que tengo mis ojos muy estropeados, que me urge la visita al oculista, que estoy a punto de perder la vista. Pablo tenía sus ojos muy sucios cuando en cada cristiano veía a un enemigo. En realidad, estaba ciego. Por eso tuvo que estrenar unos ojos nuevos, los ojos del amor. Y, con esta mirada del corazón, pudo ver a Jesús en cada uno de los cristianos a los que perseguía. Lamentablemente, a más de veinte siglos de distancia, seguimos estando ciegos, no vemos a Cristo en el rostro de nuestros hermanos. Qué bonitas las palabras del papa Pablo VI a todos los cristianos al acabar el Concilio Vaticano II: «En el rostro de cada hombre, sobre todo si se ha hecho transparente a través de las lágrimas y el dolor, nosotros podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo».  Antes de ver “motas” en el ojo de nuestros hermanos, quitemos las “vigas” que llevamos en los nuestros.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.