Hoy al amanecer de este nuevo día que se inicia para nosotros, te damos gracias por tu bondad y misericordia. Tus Palabras siempre nos ayudan a crecer y nos llevan por el camino de las bienaventuranzas (felicidad) si nos fiamos de Ti (fe) y nos decidimos a cumplirlas (obras). Sabemos que no son Fáciles, pero que están llenas de vida.
Tú nos preguntas: ¿Qué camino queremos tomar: el menos exigente y sin esfuerzo, ¿o el camino y la puerta estrechos, difíciles y llenos de obstáculos? Nuestra respuesta a ti, que, al elegir, nos decidamos siempre por tu camino, que sabemos es de sacrificio y entrega, pero tú nos aseguras que es seguro y nos lleva verdaderamente a la vida. Sabemos que no todo es fácil en nuestra vida, pero que teniéndote a Ti nada debemos temer. Guíanos y fortalécenos para que cuidemos la perla de nuestro corazón y no la demos al enemigo a causa de nuestra debilidad espiritual y por el contrario estemos llenos de buenos sentimientos y disponibles en amor y servicio, para tratar a nuestros hermanos como queremos ser tratados nosotros mismos y entre todos encontremos la puerta de tu corazón siempre abierta para mostrarnos el camino de la verdadera felicidad. Permite que vayamos a nuestras actividades cotidianas y que lo hagamos con verdaderos sentimientos de bondad, misericordia y generosidad. Que nuestra Madre nos acompañe y sea nuestro auxilio constante. Amén.
Un muy esperanzador martes lleno de satisfacciones y felicidades.
Palabra del Papa
“¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos? Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual: nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta: todos pueden entrar en la vida, pero para toda la puerta es «estrecha». No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es «estrecho» porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. (…) La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal” (Benedicto XVI, 26 de agosto de 2007).
