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23-jun.-2026, martes de la 12.ª semana del T. O.

¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos?

Hoy al amanecer de este nuevo día que se inicia para nosotros, te damos gracias por tu bondad y misericordia. Tus Palabras siempre nos ayudan a crecer y nos llevan por el camino de las bienaventuranzas (felicidad) si nos fiamos de Ti (fe) y nos decidimos a cumplirlas (obras). Sabemos que no son Fáciles, pero que están llenas de vida. 

Tú nos preguntas: ¿Qué camino queremos tomar: el menos exigente y sin esfuerzo, ¿o el camino y la puerta estrechos, difíciles y llenos de obstáculos? Nuestra respuesta a ti, que, al elegir, nos decidamos siempre por tu camino, que sabemos es de sacrificio y entrega, pero tú nos aseguras que es seguro y nos lleva verdaderamente a la vida. Sabemos que no todo es fácil en nuestra vida, pero que teniéndote a Ti nada debemos temer. Guíanos y fortalécenos para que cuidemos la perla de nuestro corazón y no la demos al enemigo a causa de nuestra debilidad espiritual y por el contrario estemos llenos de buenos sentimientos y disponibles en amor y servicio, para tratar a nuestros hermanos como queremos ser tratados nosotros mismos y entre todos encontremos la puerta de tu corazón siempre abierta para mostrarnos el camino de la verdadera felicidad. Permite que vayamos a nuestras actividades cotidianas y que lo hagamos con verdaderos sentimientos de bondad, misericordia y generosidad. Que nuestra Madre nos acompañe y sea nuestro auxilio constante. Amén. 

Un muy esperanzador martes lleno de satisfacciones y felicidades. 

Palabra del Papa

“¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos? Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual: nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta: todos pueden entrar en la vida, pero para toda la puerta es «estrecha». No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es «estrecho» porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo. (…) La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal” (Benedicto XVI, 26 de agosto de 2007).

La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal
ORACIÓN 

Señor, hay muchas cosas buenas, “santas” que me has dado a lo largo de la vida. Me has favorecido con muchos dones, me has inundado de regalos, de gracias. Y me pregunto: Dios mío, ¿qué he hecho de tanto derroche de amor? Muchas veces lo he tirado, lo he malgastado, lo he malogrado. ¡Me pesa, Señor! Y quiero emplear ya toda mi vida en tu servicio. Quiero compensar con mi respuesta generosa, tanto olvido, tanta deficiencia, tanta negligencia, tanto descuido, tanta ingratitud. Señor, ayúdame a cambiar. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-23-de-junio-de-2026 

El evangelio de hoy nos habla de una “puerta estrecha”. En realidad, para un cristiano no puede haber otra puerta que no sea Jesús. “Él es la puerta” (Jn. 10,7). Y la puerta de Jesús no puede ser otra que “la puerta del amor”. Por esa puerta Jesús nos abre el acceso a un Padre maravilloso, lleno de cariño y de ternura. Y por esa misma puerta Jesús nos abre el acceso “al hombre”. Es el Concilio Vaticano II el que nos dice que “Jesús revela el hombre al hombre” (G. E. 22). Sólo a través de Jesús conocemos a Dios y al hombre. Y el modo de conocer en la Biblia es “a través del amor”. La puerta del amor no puede ser ancha porque se cuela el egoísmo por dentro y destruye al verdadero amor. La puerta del amor es estrecha porque está hecha de sacrificio. Jesús pasó por la puerta estrecha de la Cruz, y así nos expresó con toda claridad todo lo que nos quería. En muchas religiones se habla de una regla de oro: “Hacer a otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros”. Está bien porque se pone al hombre como “centro”. Pero para un cristiano la meta es más alta: el cristiano pone en el centro a Jesús. Hacer lo que hizo Jesús, pensar como pensaba Jesús, y amar como Él amó.  Sólo este amor nos realiza como personas. Sólo este amor nos hace plenamente felices. “Y sabiendo como sabéis estas cosas, seréis felices si las cumplís” (Jn. 13,17). El saber cosas bonitas sobre el amor no nos hace felices. Pero sí nos hace felices el ponerlo en práctica como Jesús. “Sólo ama de verdad a Dios quien no se acuerda de sí mismo”. (S, Gregorio Magno. Homilía 38 sobre los evangelios) Bendita “puerta estrecha” que nos lleva a la auténtica y verdadera felicidad.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.