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24-jun.-2026, miércoles de la 12.ª semana del T. O.

san Juan, voz de la Palabra... sin palabra, porque la palabra no es él, es otro. Él es quien habla, pero no dice; es quien predica acerca de otro que vendrá después

Gracias te damos por el amor, por el don de la vida, y por la fiesta marcada por la alegría, que podemos celebrar en este día de san Juan Bautista. 

¿Quién no se alegra con el nacimiento de un niño? Por la sencilla razón de que un niño recién nacido es signo de esperanza. Es la vida que brota nueva. Es la primavera. Es la promesa de futuro hecha realidad. El niño recién nacido, cambia las relaciones de los esposos, da nueva vida a los abuelos, genera una nueva forma de estar en familia, alegra la vida de tíos. En fin, trae felicidad. Zacarías e Isabel no habían sido bendecidos con hijos. Por eso la alegría de aquel nacimiento fue mayor de lo normal. Todos se sentían llenos de esperanza. Podían mirar al futuro con tranquilidad. Había un niño que extendería la vida de la familia, que portaría su nombre. El futuro de un niño es siempre una sorpresa. Y Juan fue una sorpresa para sus familiares. Su vida no le llevó a hacer un trabajo normal sino a alentar la esperanza del pueblo. ¿Qué trabajo mejor que alentar la esperanza de los demás? 

Hoy te pedimos que nos ayudes a proclamar tu mensaje de esperanza y optimismo. Danos el valor de abandonar nuestras comodidades y actitudes y de abrirnos resueltamente a nuestros hermanos y mostrar el camino que tú nos ofreces; cambia nuestros corazones; pon en nuestros labios palabras de fe, esperanza y caridad, haz que nuestras acciones, como las de Juan, hablen sin miedo tu lenguaje de amor, humildad y sencillez. Amén. 

Un muy feliz, bendecido y testimoniado miércoles. 

Palabra del Papa

Siguiendo el ejemplo de san Juan, voz de la Palabra. La reflexión del Papa se centró en el citado paralelismo, porque «la Iglesia tiene algo de Juan», si bien —alertó enseguida— es difícil delinear su figura. «Jesús dice que es el hombre más grande que haya nacido». He aquí entonces la invitación a preguntarse quién es verdaderamente Juan, dejando la palabra al protagonista mismo. Él, en efecto, cuando «los escribas, los fariseos, van a pedirle que explique mejor quién era», responde claramente: «Yo no soy el Mesías. Yo soy una voz, una voz en el desierto» […] Mientras que él es «la voz, una voz sin palabra, porque la palabra no es él, es otro. Él es quien habla, pero no dice; es quien predica acerca de otro que vendrá después». En todo esto —explicó el Papa— está «el misterio de Juan» que «nunca se adueña de la palabra; la palabra es otro. Y Juan es quien indica, quien enseña» […] Y cuando Jesús comenzó a predicar», la luz de Juan empezó a disiparse, «a disminuir, a desvanecerse». Él mismo lo dice con claridad al hablar de su propia misión: «Es necesario que Él crezca y yo mengüe». «Voz, no palabra; luz, pero no propia, Juan parece ser nadie», sintetizó el Pontífice. He aquí desvelada «la vocación» del Bautista —afirmó—: «Rebajarse. Cuando contemplamos la vida de este hombre tan grande, tan poderoso —todos creían que era el Mesías—, cuando contemplamos cómo esta vida se rebaja hasta la oscuridad de una cárcel, contemplamos un misterio» enorme (papa Francisco, lunes 24 de junio de 2013).

Voz, no palabra; luz, pero no propia, Juan parece ser nadie
ORACIÓN 

Señor, te confieso que me fascina la figura de Juan y te pido que sepa imitarle en su humildad: “es la voz de otro”. Está llamado a señalar a otro que viene detrás y es más que él. Haz que el importante de mi vida no sea yo, sino que seas Tú. Que yo sólo viva para anunciarte con mis palabras y, sobre todo, con el testimonio de mi vida. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-24-de-junio-de-2026

1.- San Juan como hombre

Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? enseguida enseñamos todos nuestros títulos… soy doctorado, licenciado, obispo, párroco, maestro, etc. En cambio, San Juan dice: Yo no soy… No soy el Mesías. No soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles…que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como san Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre.

2.- San Juan como profeta

A veces entendemos mal eso de profeta. Decimos que es como un adivino que ve el futuro y nos habla de lo que va a pasar. Pero el profeta es el que anuncia y denuncia. Anuncia la Buena Nueva de Dios o de Jesucristo. Da buenas noticias sobre Dios y sobre Jesús. Y denuncia todo lo que está mal. Juan tuvo valentía para decirle a Herodes: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”.

3.- San Juan, el santo

De san Juan se dice que “nunca abaja el dedo”. No puede porque siempre debe apuntar a Jesucristo, a Dios. Dios es el Absoluto, el único necesario a quien debemos adorar. Hoy que tantos niegan a Dios o lo eliminan de sus vidas, hace falta cristianos con el dedo levantado, es decir, con su testimonio apuntando a Dios… gritando a Dios, diciendo que la vida sin Dios no tiene sentido, ni tiene salida. ¡O Dios o Nada!

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.